Llévame de la mano, Astarté

Llévame de la mano, Astarté,
preséntame a Dagón
y me arrodillaré humilde
para que mi rostro apagado
y la amarillez del tiempo
brillen en la sombra muda
de todos los atardeceres,
hasta los de los siglos dormidos,
entre la paciencia infinita,
entre la rutina de las mareas
y el silbo monótono del tiempo.